Mi emblema: una K entre olas, roca, luna, tentáculos y un rayo.

Kalista.

Entre el agua, el baile
y un poco de trueno.

Un poco de mí

El nombre que elegí.

Elegí Kalista como mi segundo nombre cuando comprendí que era una mujer, aunque desde pequeña las personas a mi alrededor me hubieran dicho otra cosa.

El nombre viene de la Kalista de League of Legends. Me importa su historia entera: la mujer que dirigió las huestes de Camavor, quiso cuidar de su reino y recorrió el mundo buscando una cura para Isolde. Su vínculo con Isolde, la lealtad a su gente y el límite ante la crueldad son lo que encuentro en ella.

Para mí, ese nombre también habla de defender a quienes reciben el daño, de sostener mis valores y de saber cuándo hay que plantarse.

«El escudo
y el látigo.»

Así me han conocido durante años en comunidades de Twitch de España. Protejo y reprendo. Pongo límites, pero reservo la expulsión para cuando es realmente necesaria.

Cuidar una comunidad también implica dar la oportunidad de rectificar.

La Kalista de Camavor

Kalista es una general de sangre real de Camavor que desea cambiar el legado de violencia de su reino. Sus soldados la quieren por cómo los trata y cuida de ellos. Sirve a su tío Viego como consejera y comandante. Cuando Isolde, la esposa del rey, queda herida por un arma envenenada, parte en busca de las Islas Bendecidas y de una cura que pueda salvarla.

Encuentra esperanza en las Aguas de la vida, pero regresa después de la muerte de la reina. Hecarim la persuade de llevar a Viego a las islas. Allí, cuando el rey ordena matar a quienes se oponen a él, Kalista se niega. Hecarim y la Orden de Hierro la traicionan y asesinan; sus soldados combaten junto a ella.

Tras la Ruina, despierta convertida en el Espíritu de la Venganza. Con los siglos pierde sus recuerdos, mientras las almas de quienes han sufrido traición se unen a ella. Su venganza exige un precio terrible: el alma de quien la invoca.

Lo que yo recojo de esta historia es la lealtad que conserva un límite ante el abuso. Esa es mi lectura personal del personaje y el vínculo con mi nombre.

Dos servidores.
Un Escort del 98.

El agua es donde me relajo.

Llamé Benten a uno de mis servidores por su vínculo con el mar y el agua. Ese es el lugar donde encuentro calma.

He nadado bastante en el río Eska, en Burgi, en primavera, verano y otoño. En invierno, algún chapuzón suelto y poco tiempo: allí se hacen notar las heladas del Pirineo navarro.

Un nombre salido del mar.

Otro de mis servidores se llama Akkorokamui. Las historias que me gustan también acaban poniéndole nombre a las cosas que uso.

El nombre viene del pulpo gigantesco del folclore ainu, asociado a las aguas de Hokkaidō. Esa es también la isla donde está Hakodate, la ciudad a la que me gustaría mudarme.

Una bestia de 1998.

Mi Ford Escort del 98 se llama Raijū, la bestia del trueno. Le puse ese nombre por lo ruidoso que es.

En el folclore japonés, Raijū es una criatura asociada al trueno y los rayos. La mía tiene cuatro ruedas.

También
soy esto.

Danza vasca y euskera

Practiqué danza vasca durante diez años. No competía, pero bailaba con mucho orgullo. Soy de Euskadi, y tanto el baile como el euskera forman parte de mi vida.

Del judo al iaidō

Practiqué judo hasta cinturón naranja. Sigo considerando fundamental aprender artes defensivas, al menos hasta ese nivel. Me gustaría aprender kendō y, sobre todo, iaidō.

Un idioma que me suena familiar

Estoy aprendiendo japonés. Al conocer el euskera, siempre me ha resultado familiar cómo suena. La mitología también me motiva a seguir aprendiendo y a conocer Hakodate, la ciudad a la que quiero mudarme.

Hakodate.

Aprender el idioma. Conocer el lugar.
Ir acercándome a la vida que quiero allí.

Conocer Hakodate

Y sí, también
construyo cosas.

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Mi proyecto empresarial de ciberseguridad industrial para pequeñas organizaciones.

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El software propio que desarrollo como apoyo a MKDL. Un proyecto al que sigo dando forma.

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